martes, 22 de diciembre de 2009

A seguir disfrutando de la naturaleza 2010



No hay bolas de Navidad más decorativas y entrañables que las naturales; como el petirrojo. Ecológicas, reciclables y llenas de vida.






FELICES OBSERVACIONES 2010

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Halcón sacre (Falco cherrug)



Esta es una entrada solamente, para disfrutar del placer de observar a una fascinante rapaz cazadora de roedores y en menor medida de aves. Es el placer de haber visto su vuelo en libertad, surcando con el esplendor mágico de su fortaleza física, todo el maravilloso desfiladero del río Huerva. Haberlo visto sobre nuestra mirada atónita; la de Fernando, y la de quien os lo relata, deslizándose entre el viento con la facilidad pasmosa y característica de los grandes velocistas del medio aéreo; las falcónidas.


Ya no tiene que obedecer a la llamada interesada de su dueño, ahora podrá cazar a su antojo, y volver a su posadero preferido sin rendir cuentas. Ahora es dueño de sí mismo, pero te recuerdo Sacre, que tienes a los peregrinos de compañeros, a las águilas reales y para más desgracia si cabe, a las dos parejas de búho real.


domingo, 13 de diciembre de 2009

Cazar en territorio humano. El gavilán


A las 8.40 h una hembra de gavilán captura a una hembra de tórtola turca; ave, muy habitual en los parques públicos.

El domingo pasado, tocaba ir a correr un poco, para no perder la agilidad en el monte y por supuesto, en el trabajo. Era una mañana fría, pero no desapacible; tal vez, algo nubosa. Lo bello de estos días unido a la alborada es; ese encuentro común con las más madrugadoras aves. Así, voy interrumpiendo el campeo de la garza real, afanada y concentrada en la herbácea cobertura del ribazo que, a mi llegada por el camino de gravilla, levanta el vuelo protestando con un graznido ante mi inoportuna presencia. Disculpe señora garza. Más adelante, una alondra se achanta en el camino y paso a medio metro de distancia, parando seguidamente. Ella, descubierta, levanta el vuelo súbitamente. Cosas del mimetismo fallido. Llego al castigado álamo centenario, al que me gusta mirar y preguntarle en silencio mientras paso bajo su imponente porte -qué tal esa salud-, me preocupa su tronco descortezado y sus ramas tronchadas y caídas a causa del fuerte viento pasado. El cernícalo expectante en las ramas más altas, también advierte mi presencia y levanta el vuelo, reclamando con esa estridente voz característica de alarma. Vaya mañanita que llevo.

Cigüeñas, mirlos, ratoneros, estorninos, zorzales etc., me han acompañado durante este recorrido por las últimas tablas de cultivo cercanas al Ebro, posibles candidatas a desaparecer por el capricho constructor del señor alcalde de Zaragoza; con su Expo-pimientos o como se llame. Su crecimiento urbanístico me importa un ídem.


Detrás del árbol hay una zona de tierra inclinada y cerrada, donde la rapaz desplumaba a su presa.


La ronda, ya tocaba a su fin, y después de abandonar la huerta y cruzar el cinturón de asfalto, alcanzo el parque de Torre Ramona, un agradable pulmón verde en esta ciudad con una interesante variedad ornitológica a tener en cuenta. Ya estoy a punto de llegar a casa. De nuevo, cruce de calle para enfilar el precioso paseo de retorcidos troncos y ramas de olivos en línea, vareados ya, por algún vecino madrugador que les ha sacado todo el partido.

Un encuentro visual repentino frena mi trayectoria previa a alcanzar el ambulatorio, situado a menos de cien metros de casa. Quedo inmóvil como una estatua, mirando con fijación a la imperceptible silueta del ave que, fugaz, levanta el vuelo con dificultad desde el foso de la rinconada del edifico. No puede. Exhibe desplegadas las rémiges y rectrices con la bella sincronía del pavo real, pero con una eficiencia absoluta de control, haciendo gala de uno de los mejores quiebros en espacios cerrados que he visto. Tras marcar un precioso rizo ascendiendo verticalmente, pica de nuevo hacia el suelo, y posteriormente, se eleva con fuerza y energía, superando la altura vertical del ambulatorio mediante enérgicos aletazos.

El gavilán (Accipiter nisus), ha optado por la salida más apropiada ante el imprevisto problema, a pesar de rechazar lo más importante para su supervivencia. La comida.


La tórtola turca comenzó a colonizar la península desde finales de los setenta. Se acomodó en las poblaciones, y copiando la conducta mansa de la paloma doméstica, confiaron excesivamente del medio humano, al que dejaron de considerar hostil; sobre todo, al explotar un sencillo nicho ecológico repleto de posibilidades alimenticias.

Hay rapaces como el gavilán que, con descaro, se atreven a cazarlas donde sea, aprovechándose del exceso de confianza de estas columbidas con las personas.


La incipiente sospecha, me lleva hasta el lugar del suceso, hallando yerta y arrinconada a su presa. Conserva todavía algo de calor en su cuerpo, cuya sensación noto entre mis manos. Me estremece el resultado tan crudo objeto de la inmisericorde supervivencia. Es una tórtola turca (Streptopelia decaocto), despojada hábilmente de sus plumas pectorales y dorsales. La cabeza está completamente machacada; la masa encefálica es un auténtico manjar para las rapaces que no desprecian, considerándolo un exclusivo bocado. Rápidamente abandoné el lugar, sabiendo que la rapaz acechaba cerca y volvería a recuperar el merecido fruto de su esfuerzo.


Al cabo de media hora regresé, y el gavilán, ya se había llevado su parte haciendo justicia de su trabajo. Yo me conformé con sacar otra parte del botín que era la fotografía, y por supuesto, la formidable observación de lujo.

No es raro que las rapaces despiecen a sus presas empezando por la espalda, al igual que la masa encefálica, gustan también de otros manjares como los riñones, pulmones etc, no solo los músculos pectorales.