domingo, 25 de septiembre de 2011

ADORMIDERA (Papaver somniferum)



Conozco una zona al pie de un enorme farallón calizo que está lleno de cadáveres de pinos, tumbados, como si los hubiese derribado un huracán. Tiene la pared vertical unos 180 metros de altura, y los desprendimientos esporádicos generan dentro de un espacioso radio de acción la caída de una cantidad de pedruscos de tamaño considerable. Son capaces de mellar y desencajar a cualquier árbol osado que haya desafiado crecer en esa zona restringida, por cierto, con tierra muy fértil. Gracias a la devastadora caída de piedras, los rayos de sol penetran en este lugar a su antojo, estableciéndose sólo las plantas de crecimiento rápido y de vida corta. Una de ellas, con esos pétalos enormes y llamativos de amapola violácea, es la adormidera (Papaver somniferum). Cuando las vi por primera vez, apenas quedaba algún ejemplar con pétalos; sólo había un par de ellos que tenían dos y, batidos con fuerza por el viento. Florecen entre junio y agosto pero, hay que acertar “cuándo exactamente”. Así llevo cuatro años llegando temprano o tarde, como en ésta última ocasión donde las fotografié sólo con los frutos.

Es una planta con una altura de metro y medio dependiendo quizá de los factores meteorológicos de cada año; éste por ejemplo (en el lugar descrito), los tallos apenas superaban los 50 cm. Sus tallos son simples o ramificados; con hojas grandes, alargadas y con lóbulos. Las flores son hasta 10 cm de ancho y compuestas por cuatro pétalos de color lila, violáceo y rara vez blanco. Cuando se desprenden los pétalos, las cápsulas que alojan las semillas aumentan su tamaño haciéndose esféricas.



“Toda la planta contiene látex blanco y de él se extraen más de 30 alcaloides, sobre todo morfina, codeína, papaverina, tebaína y otros. Como droga suele utilizarse el látex reseco (opio).
En medicina: se utiliza el opio y sus elaborados en casos graves de diarreas y para la paralización intestinal después de operaciones. El alcaloide puro, la morfina, se usa sobre todo, en casos de dolor muy intenso, la codeína para paliar fuertes ataques de tos, la papaverina en los espasmos en la región gastrointestinal y de las vías urinarias y biliares.

De acuerdo con la ley de estupefacientes, está prohibido y castigado el cultivo y posesión de drogas y alcaloides puros”.

Fuente: guía de Plantas medicinales (Dieter Podlech).


Cápsula de amapola (Papaver rhoeas) izquierda; y a la derecha, de adormidera (Papaver somniferum).


Bajo la enorme cápsula globular, una araña cangrejo (Xysticus cf. Cristatus) colgada, colocada; bueno, acechante, aguarda dispuesta para sorprender a algún invertebrado incauto que se acerque demasiado.


Detalle de las aberturas con las membranas bajadas por donde escapan las semillas cuando el viento agita la planta, sobre todo, violentamente.


Entre los pinos abatidos y secos, un ejemplar de (Pyronia tithonus) se solea a primeras horas de la mañana.


Flores de adormidera cogidas prestadas del blog "Plantas medicinales" (qué remedio), del que os adjunto su página para más información acerca de esta peculiar planta tan apreciada.
http://www.uv.es/sebem/wpm/adormidera.html

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Agua...


Zorzal charlo (Turdus viscivorus).

La vida sobre la tierra apareció en este medio líquido, y después de muchos miles de años de evolución biológica, aparecieron las primeras muestras de vida terrestre. Aunque muchos seres se adaptaron fuera de los primitivos océanos, nunca se independizaron del todo del agua, la necesitaban como un alimento más y elemento vital y regulador de sus funciones vitales. Sus tejidos están formados entre otras cosas por agua, constituyendo en los animales entre un 60% y un 70%, y en las plantas ocurre lo mismo, entre el 75% y el 90% de su peso es agua.

El agua es indispensable para la vida. El agua, nos devuelve cierta paz interior cada vez que nos situamos frente a ella, disfrutando de su transparencia, de su sonido y de su inmensidad, sobre todo, al encontrarnos frente al mar. Muchas veces, mientras nos hallamos descansando cerca de la orilla de cualquier fuente de agua, podemos descubrir cómo el resto de seres vivos compañeros de este planeta se acercan a por su dosis acuosa vital. Toman, eso sí, toda suerte de precauciones, dado el riesgo que conlleva despistarse ante el posible ataque de cualquier depredador acechante. Si somos pacientes y sigilosos, veremos multitud de facetas curiosas sobre la utilidad que del agua hacen las aves.



Hembra de ortega (Pterocles orientalis).


Hembra de ganga (Pterocles alchata) sumergiendo el vientre al beber.

Existe cierta controversia sobre la capacidad de los pteróclidos de transportar agua con su plumaje mediante la esponjosa absorción de sus plumas. Se cree que gracias a ello, los adultos de ganga y ortega son capaces de llevar a sus pollos agua empapada en las plumas ventrales desde largas distancias. El calor, la fricción del viento y la agitación del vuelo, hacen bastante improbable que logren llegar con el plumaje húmedo hasta los pollos. Personal y modestamente creo, que debido a las altas temperaturas que soportan de hasta 60 grados tumbadas sobre el terreno estepario durante el estío, es comprensible que estas aves alivien esa zona tan castigada por el calor sumergiéndola placenteramente mientras beben. Quién haya visto la expresión facial de estas aves al contactar con el agua, comprenderá el sentido del comentario.


Lo que en el cielo azul sería la silueta de la carraca; en la estepa parda, es el plumaje de la terrera común (Calandrella brachydactyla).


Joven del año de cogujada común (Galerida cristata).


Calandria (Melanocorypha calandra).


Hembra de escribano soteño (Emberiza cirlus)


Macho de verdecillo (Serinus serenus).
Precaución o coquetería. Se puede desconfiar sin duda, de los enemigos que pueda haber incluso en el interior del agua. Pero, también se puede uno mirar para comprobar el estado del plumaje o el aspecto general.


Por supuesto, después de apreciar en el espejo el mal estado del plumaje, se procede al lavado inmediato. Para las aves es de vital importancia el buen estado de las plumas. Una hembra de verderón (Carduelis chloris) iniciando el baño.


Es importante el factor de acompañamiento para eliminar riesgos innecesarios. A partir de dos ejemplares se puede beber tranquilamente mientras otro vigila la presencia repentina de algún depredador. Hembra y macho de pardillo común (Carduelis cannabina).


Gorrión chillón (Petronia petronia).

domingo, 4 de septiembre de 2011

Tarabilla común (Saxicola torquata)



Acabándose el período estival, los tonos negruzcos de los machos se desvanecen volviéndose parduzcos.

El sábado pasado, llegué hasta la laguna aragonesa cuyo nombre comparte con el pueblo de Gallocanta. No era un día especialmente caluroso, más bien algo fresco. La primera imagen, de efecto impactante, fue ver la extensa cuenca de la laguna endorreica completamente vacía, blanquecina por la salinidad del terreno. Espero que la meteorología cumpla puntualmente con el ciclo estacional de lluvias que hidraten a este importante humedal. Si se cumple, los deseados aguaceros colmarán para beneficio de las aves viajeras otoñales e invernantes toda la superficie inundable de la laguna, lugar de descanso y recuperación.

No era precisamente la visita a este lugar el único objeto de mi desplazamiento, sino además, la observación del elanio azul (Elanus caeruleus) que, el sábado anterior, tuve la fortuna de ver junto a un nutrido grupo de cernícalos primilla (Falco naumanni). Aposté por el mismo lugar donde lo observé anteriormente y, la espera, fue larga. Fue tan larga que, con el cansancio acumulado de la semana debido al demoledor trabajo quedé tieso, sobado, anestesiado, totalmente dormido, tan dormido que, cuando desperté, sólo disponía del tiempo justo para volver a casa.

Pero no fue en vano el viaje, no, porque a pesar de la cabezada, pude disfrutar por el camino de varios ejemplares de tarabilla común (Saxicola torquata). Si, muy común, pero nunca monótona de observar. Me gusta este pequeño paseriforme, de contrastes definidos, anulados a su antojo dependiendo de la conveniencia de exhibición ante congéneres, hembras o depredadores. Es el pájaro de las atalayas, sean estas con forma de árbol, arbusto, matorral o tallo seco, siempre elevadas, altivas, aunque sean metálicas. Desde estos oteaderos ejecutan lances fugaces para capturar insectos, sus presas más habituales.





Una racha de viento sorprendió a este macho de tarabilla, alborotándole el plumaje. Mientras lo miraba, esperaba resignado a que su reacción inmediata no fuera la de abandonar la percha de hierro.


Y, dentro de las expectativas, con notable elegancia, no tardó en girarse para mantener las plumas ordenadas de cara al viento.


Joven del año en un paisaje habitual de la llanura agostada.


Arriba en el lado derecho se aprecia el elanio azul; más abajo y a la izquierda, un cernícalo primilla.
De eso se trataba precisamente el viaje de este sábado, de verlo más ampliado, pero…