lunes, 18 de marzo de 2013

Dos tardes con una hembra y un macho de búho real, indistintamente

Hembra de búho real (Bubo bubo)

Cañón del río Mesa (Guadalajara) 7- Diciembre- 2012

El cielo está muy nuboso y el viento es muy frío. A las 16´40 horas tomo posición al lado de una gran roca desprendida en la costera por la que sube el pastor con su  ganado ovino. Plagio la voz del búho real y me contesta el macho a lo lejos pasados quince minutos, no parece estar alarmado, sospecha o simplemente elude el enfrentamiento. Su ulular se oye muy lejano, por ello, trataré de situarme en un lugar más elevado para proseguir. Escucho a la hembra ulular dos veces con su dulce y aguda voz. Cambio de nuevo al lugar definitivo, el frío es notable y, afortunadamente, voy bien abrigado. A las 17´55 horas la luz es deficiente y la hembra se posa a unos 50 m. de mi posición, no haciéndolo en ninguno de los tres salientes donde la luz impacta mejor, sino en uno interior en el que apenas hay visibilidad, eso sí, muy resguardada del viento frío que azota el mediterráneo paraje  de encinas y rocas. He disparado varias fotografías a 3200 ISO y a 60 de velocidad, la iluminación escasa no da para más, las fotos son pésimas. Una visible mancha blanca es lo que más resalta al posarse la rapaz simultáneamente y defecar sobre la roca. Mira atenta al frente, como esperando de nuevo otra señal de acercamiento, pero no contesto, cojo la cámara y disparo, el estridente sonido del obturador alerta al búho real que seguidamente mira hacia mi ubicación. Sin alarmarse demasiado (me ve como algo raro), vuelve de nuevo la vista al frente y sigue escuchando a su pareja con la que se reúne seguidamente ¿Por qué acude a una llamada que no es la de su pareja?

Sabemos por otros autores que las parejas de búho real permanecen cohesionadas todo el año y, cuando comienza el celo basta con la llamada muy audible del macho a la hembra, que no está lejos, para emprender el ciclo reproductor. No sabía y he podido comprobar, que les hace falta mantener la voz de contacto mediante reclamos o ululares para encontrarse, y no cesarán hasta que lo hagan, puesto que la acústica de los barrancos distorsiona mucho la procedencia de las voces. Sí, aunque parezca extraño, necesitan su tiempo para enfocar el sonido, sobre todo, cuando están a determinada distancia el uno del otro entre tanto eco.

 Advierte el sonido de la cámara y se gira hacia mí.


No huye, más bien pierde interés y, de nuevo, atiende al macho con el que se reúne poco después.

Cañón del río Mesa (Zaragoza) 3- Marzo- 2013

Son las 17´00 horas y estoy ubicado en el lugar que he escogido para conectar con el búho real si éste se presenta. El 6 de Enero a las 13´00 horas desde la misma arista del espolón calizo donde me he instalado hoy, intenté probar suerte pero, el búho no acudió. En este caso, a los cinco minutos de imitar su voz aparece contestando con energía mientras se acerca rápidamente a mi encuentro. Le contesto para que me localice, sin embargo, cuando lo hace, calla su voz y me mira fijamente. Sé que sospecha algo y, para dejar constancia de su presencia, si prisas pero con decisión levanto la cámara y disparo. Como estaba previsto, el búho, receloso, emprende el vuelo y se aleja. Al posarse en el escarpe, tras cruzar el barranco, ya no consigo localizarlo durante el resto del tiempo; el ulular retumba entre las paredes sin procedencia cierta.

He escuchado el reclamo áspero y corto de la hembra, que es el utilizado para conectar con el macho durante las ofrendas nupciales que éste le hace o, simplemente, para reunirse. También emite dos ululares (esta voz no es muy habitual en las hembras). Está muy cerca y por lo escuchado (no llego a verla) todavía no ha iniciado la puesta. Habitualmente, dependiendo de la meteorología, las parejas de búho real que habitan el cañón rocoso del río Mesa suelen iniciar la incubación entre la última semana de Febrero y la primera de Marzo.
 Macho de búho real (Bubo bubo)






Es la esencia pura de lo que más me satisface; interactuar con búhos en libertad. Sé que el macho de búho real no está allí por casualidad, ni por aguardarlo a escondidas mientras visita su posadero, ni visto de modo fortuito, no; el macho de búho real está allí de modo natural, por que lo he desafiado con mi voz plagiada y, es él, quién libremente, aunque sea por engaño, acude a mi encuentro. Es difícil rebuscar entre la riqueza lingüística de la RAE y hallar esas palabras clave que definan el hecho para explicarlo con la elocuencia real del momento vivido; vamos, por no decir imposible. Quizá habría que preguntar a otras personas qué es lo que sienten imitando a otras aves, e incluso, a quien se atreve con la voz del lobo recibiendo con escalofrío el aullido auténtico como respuesta del cánido salvaje. ¿Cuesta creerlo, verdad?...

miércoles, 13 de marzo de 2013

Y...el búho real, acudió de nuevo



  
Búho real delimita su territorio
Cañón del río Mesa 13- Junio- 2009

Hoy me he levantado con ganas de recorrer el barranco donde cría el búho real. A pesar de salir temprano el calor ya se hace patente y, a las 6´30 h. apenas se nota ya el frescor matinal. El trabajo para hoy es la búsqueda del nido y poder examinar su contenido, nada mejor que estas fechas para ello, puesto que los pollos ya lo han abandonado y la idea es saber si ha criado por la zona localizada.
Desde el posadero de “La Peana” dentro de una llamativa oquedad, comienzo a registrar toda la base rocosa de los cortados. Cuando alcanzo el espolón que separa ambas caras del mismo farallón, despegan ahuyentados dos volantones de búho real. Su vuelo, todavía deficiente, no les da más que para despegar de la ladera y aterrizar en la base de una sabina negra y del cortado a unos cincuenta metros más adelante. No he querido continuar y abandono el lugar. Para calmar a los jóvenes, no se me ha ocurrido otra cosa que imitar el ulular del adulto. Pasados tres tonos, el macho me contesta -¡vaya! y parece muy molesto por mi intrusión aún a plena luz del día- evidentemente, no era esta mi intención. Sobrevuela la zona alta del cortado amenazándome con su presencia y su voz. Le observo con detenimiento en la estampa defensora de su feudo a la vez que su mechón gutural brilla incluso en horas de mucha luz. Es bravo, valiente y entregado a su complicada labor de salvaguardar su extensión territorial. A pesar de caminar en silencio, la rapaz sigue contestando durante media hora más.
 
 

El ardor territorial demostrado por los búhos reales más irascibles no tiene horario.

Cañón del río Mesa  24- Junio- 2012
Tres años después necesito comprobar, aprovechando el buen día de sol, la continuidad del gran búho en el mismo paraje. A las 9´28 h. imito como tantas veces la voz de nuestra mayor estrigiforme desde el sendero, y acude rauda sobrevolando el cañón de un paredón a otro. Apenas se posa y es incordiada por otras aves.
A las 10´30 h. transito por la zona superior del cañón hasta alcanzar el punto desde donde fotografié hace unos años a la hembra de búho real encamada en una repisa. Aquel año depredó a una hembra de águila calzada en el nido cuando protegía a su pollo de pocos días de edad. De nuevo repito el ulular y poco tarda en contestar. Continúo plagiando su voz y lo escucho cada vez más cerca. El calor se deja notar y descanso apoyado sobre un gran escalón rocoso dejando la cámara a mi derecha. Insisto…y, aparece como una exhalación ascendiendo súbitamente hasta posarse a cinco metros de mi persona sobre el canto del roquedo. La respiración se me corta y el corazón se acelera. El búho real se ha posado y mira hacia atrás, simultáneamente trato de coger la cámara temblando inevitablemente, ese gesto lo advierte la rapaz girando de inmediato la cabeza hacia mí, y sus ojos inmensos me deslumbran con su fuego anaranjado -no doy con el botón, no logro el enfoque, no doy una-…todo transcurre tan deprisa que lo único que consigo es lo que podéis apreciar en ambas fotos. Es lo que tiene no ser previsor.
Hacía muchos años que no tenía al búho real posado tan cerca. En su huída, es acosado por una hembra de halcón peregrino, seguramente, la misma que atacó a uno de sus pollos hace un par de años. El halcón peregrino es, tal vez, la rapaz que con más inquina ataca al gran búho.
La mayoría de las ocasiones que distintos ejemplares de esta gran rapaz de la noche me escucharon imitar su canto por segunda vez, parecieron reconocer el engaño y, aunque podían saberlo, su instinto territorial les obligaba a contestar pero, a buen recaudo.

Cañón del río Mesa 12- 7- 2012

Son las 7´30 horas y me ubico casi en el mismo lugar que la última vez desde donde imité la voz del búho real. Esta vez, hago uso de la red de camuflaje extendida sobre mí y la roca que queda a mis espaldas. Nada más imitarlo recibo contestación, todo es muy rápido, tan rápido que aparece sin apenas darme tiempo a situar el enfoque de la cámara a su imagen. Lo esperaba sobre la misma roca frontal de la última vez pero, ésta lo hace sobre una del lado derecho y, el movimiento aunque leve del objetivo lo alerta y se va. A partir de esta secuencia, sé que todo por hoy ha terminado. Le contesto con unos tonos más, pero desisto para que se recoja. El acalorado macho sigue mis intenciones guardando mucha distancia, no deja de contestarme y tampoco se acerca. Finalmente se oculta en el hueco de una fisura sobre rocas desprendidas. Desde lo alto, casi en la cima destella su blanco mechón encendido, palpitando cada vez que ulula sin descanso. Como tantas veces, la rapaz suele tardar unos treinta minutos en callar después de la provocación 9´00 h. 
Es altanero, orgulloso, soberbio y con una gran bravura en lo concerniente a la defensa de su territorio, el papel más importante para un macho de búho real si quiere tener un lugar adecuado que ofrecer a la hembra. Por supuesto, no sólo sirve ofrecer un buen territorio, sino además, ser un excelente cazador.
 
A las 9´30 horas descubro a mi lado derecho a la hembra que no está oculta del todo y, como puedo apreciar, ha estado atenta al duelo de voces. Tampoco es la primera vez que las hembras de esta especie se interesan por nuevos pretendientes; la fidelidad de la que tanto se habla entre búhos reales es muy discutible.


Nota: no puedo contar con todas las imágenes que me gustaría para acompañar los datos, pero, cuando no las tenga, trataré de recrearlos con dibujos gráficos.

domingo, 10 de marzo de 2013

La oca Lorenz, el lobo Félix y el búho real.



 
 
Todavía rondan en mi mente aquellas imágenes en blanco y negro vistas en los vetustos televisores de la época, donde unos pequeños gansos a duras penas podían seguir el paso acelerado de su cuidador. Paseaban y nadaban con él donde quiera que fuera; su padre adoptivo era el conocido etólogo Konrad Lorenz. Éste científico, descubrió por casualidad que un polluelo de ánsar gris adoptaba como madre el primer ser dotado de movimiento que le “hablara”, incluso, escuchándolo desde el interior del huevo. Seguirán instintivamente los pollos a ese ser animal o humano, y también inanimado que reconozcan por medio de sonidos o por ser lo primero que vean al salir del cascarón.

Pero fue una grajilla quien lanzó a Lorenz a su carrera como estudioso del comportamiento animal y, la que le dio más popularidad en sus trabajos etológicos. Sin embargo, también se le atacó por tratar de trasladar sus ideas acerca del comportamiento animal al comportamiento de los seres humanos. Alcanzó fama mundial como padre de  la etología, y por la importancia reconocida de sus trabajos en este campo y en otros le fue otorgada la concesión del Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1973 junto a Nicolás Timbergen, gran conocedor de la conducta social de las gaviotas.
 
Después apareció Félix Rodríguez de La Fuente, un conversador incansable, envuelto en la emoción de sus propias historias, capaz de transmitirlas con una pasión fuera de lo común, casi, con la voz prestada de la mismísima naturaleza. Las rapaces y el lobo encabezarían su pasión. Benigno Varillas en la biografía dedicada al naturalista comenta: “a raíz de su primer contacto con el lobo, intentó establecer con éste la misma relación que había logrado con las aves de presa: una comunicación íntima, un conocimiento profundo de sus movimientos, necesidades, costumbres y capacidades. Veinticinco años después de aquel primer encuentro, en la primavera de 1965, los cánidos salvajes irrumpieron de nuevo en su vida.”

Contaba Félix:

 “En mi infancia, muchas veces oía aullar a los lobos en las noches invernales. Nada más sobrecogedor, más hermoso, por otra parte, en la noche estrellada del alto páramo de Castilla, que el aullido lejano del lobo. Es como si la Tierra no hubiera perdido su espíritu salvaje, como si conservara todavía algo del lejano Paleolítico. Es como si la Tierra estuviera viva, lozana y palpitante.”

Y, en aquellas casettes tan populares que regalaba la marca de yogures Yoplaît en los años 70, se expresaba el naturalista plenamente convencido:

“Hace quince años, decidí hacerme lobo, transformarme en un lobo más para, hablar con los lobos, para asistir a sus cónclaves, para integrarme en una manada, y para desvelar los secretos del más desconocido, aunque sea uno de los más populares e incluso de los más míticos de los animales. Al escuchar estas palabras en la grabación, alguno de vosotros pensará: que exagerado es nuestro amigo Félix, nos va a decir que se ha hecho lobo, y nosotros lo acabamos de ver en la televisión con una camisa y una chaqueta de campo de color caqui.”
 
El porqué de todo esto, está relacionado con la idea concebida a raíz del atento seguimiento que dediqué a estos grandes e ilustrados amantes del comportamiento animal. Precisamente, para extrapolar sus conocimientos y prácticas a una idea totalmente casera, superficial y descabellada con el único objeto de contactar en libertad con el búho real. Lorenz con sus gansos y sus grajillas, Félix con sus lobos y rapaces, y yo tratando de buscar cual visionario el modo de acceder a tan reservada rapaz de la noche; cosas de soñadores.

Y entonces… ¿cómo acercarme al búho real?...haciendo uso del reclamo, pero no del reclamo enlatado y mecánico de los artefactos reproductores de sonido, sino mediante el plagio a pulmón batido, con voz natural controlada por mí. O, por lo menos, así lo llegué a creer. Pero no fue tan sencillo.
 
Búho real (Bubo bubo), ejemplar recién liberado.

La entrada Búho real (Bubo bubo): el superpredador y sus presas (2)” es actualmente la más visitada de este blog. Reconozco que dicha rapaz por su grandiosidad, belleza salvaje y hermetismo genera enorme tirón entre los observadores de aves. Es por ello, por lo que he decidido dedicar a quienes tanto intriga el misterio de esta portentosa rapaz nocturna las observaciones seleccionadas que más me impresionaron a lo largo de aquellos años dedicados a su seguimiento. No se trata de un trabajo científico, pero no por ello, perderá interés en cuanto a la gama de datos curiosos observados en diversas ocasiones. Son los apuntes más personales que poseo; creo que no os dejarán indiferentes. Hay muchas preguntas en el aire… ¿Cómo se oculta el búho real? ¿Cómo abandona el posadero? ¿Duda esta rapaz sobre la ubicación del lugar cuando acude a por una presa escondida previamente por él? ¿Cómo copula la pareja? ¿Cómo se exhibe ante la hembra el macho? ¿Cómo muere un búho real en su territorio? etc....No seré yo quién conteste a las preguntas, pero sí os contaré tal y como viví todo en riguroso directo, al fin y al cabo, era lo que perseguí toda mi vida. Algunas vivencias son increíbles, por lo tanto, apelo al sagrado código ético de los ornitólogos. Las conclusiones finales, serán las vuestras. Espero de corazón que las disfrutéis tanto como yo.
Destacaría el enorme carácter territorial de algunos machos de búho real y, la presunta infidelidad de algunas hembras con sus parejas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Las grullas sobrevuelan el cañón del río Mesa



Estaba preparando el otro día la comida y avivando el fuego del hogar cuando escuché el inconfundible griterío de las grullas. Apagué el fuego y subí a toda prisa las escaleras que separan la cocina hasta el ático para, desde la terraza, deleitarme con la compañía de estas entrañables aves que marcan con su marcha la proximidad de la primavera. Qué tienen las grullas que, con la puntualidad de todos los años, hacen que todo el mundo dejemos nuestros quehaceres otorgándonos un tiempo muy personal, levantemos la cabeza y miremos al cielo exclamando… ¡Son las grullas! Mientras la mirada atenta de nuestra curiosidad y admiración las acompaña en ese espacio de tiempo siguiéndolas en su avance hasta que desaparecen en el horizonte difuso, apagándose poco a poco su eterna voz.

El cañón del río Mesa es un lugar espectacular para observarlas en sus remontes, cuando se arremolinan buscando esas bolsas de aire caliente que ascienden y que tanto aprovechan las colonias de buitres leonados de este espacio natural en sus prospecciones. El bullicio acelera el corazón de cualquier observador, y que extraordinario es el cambio paulatino de la ascensión de estas aves en la columna térmica hasta que consiguen de nuevo la formación correspondiente para continuar avanzando hacia el norte.
Siempre es lo mismo y, cada año, resulta diferente.