viernes, 24 de febrero de 2017

Triguero (Emberiza calandra)


Ya escuché el otro día la voz del más machacón de los escríbanos. De discreto plumaje, iba desempolvando sus trinos para alcanzar el grado conquistador aceptable para las hembras. Por supuesto, además, con la idea de atajar el paso a otros competidores en su parcela llegado el momento.
El escribano triguero Emberiza calandra es el menos agraciado en cuanto a la coloración de su plumaje comparado con el resto de sus parientes. Todas sus referencias coinciden con la misma descripción; coloración pardusca de pájaro estepario, casi más cercano por ello a los aláudidos que a los escríbanos.
La primavera lo espera. Su canto se convertirá en una sintonía fácil de distinguir de entre todas las demás, con un sello muy suyo por inconfundible.
Volará de un lado para otro, rellenando entre la mies temprana, el ambiente sosegado de su canto rayado. Desde habituales e imprevistas atalayas sonará incansable y, en trayectos cortos, volará con sus patitas colgando como perezoso de recogerlas, dispuestas para la siguiente parada.

Su alimentación se compone de insectos y semillas de todo tipo.
Si hay algo que me gusta de este pájaro, es su permisividad a la hora de observarlo. No es tan receloso como otras aves.

Es muy activo en el periodo más importante de su vida; la reproducción. Por ello, tendrá que acelerar y afinar todas sus capacidades con objeto de envolver a la hembra mediante sus cualidades para sacar adelante una, dos e incluso tres nidadas. Se creía que el macho de triguero era polígamo, pero parece que no es así; dependiendo, evidentemente, del criterio de cada uno de los expertos. Claro está, que será ella quien se encargue prácticamente del grueso de la cría.

¿Qué sería de la primavera sin el chirriante canto del triguero, el verdecillo o los estridentes vencejos? Ruidosos sí, pero…, ¿quién se atreve con unos meses de calor sin el bullicio de estas escandalosas aves cual estampida de críos saliendo del colegio iniciadas las vacaciones…?
Vamos, que se note la fiesta de la vida con la llegada de la primavera.




lunes, 13 de febrero de 2017

El jilguero de mi balcón


Cuando la peor versión de la ley de la selva imperaba en el asfalto, no faltaban vendedores de pajarillos a las puertas de los supermercados. Recién traídos del campo a su jaula. Eran tiempos, los años 80, bastante desabrochados de normas cívicas medioambientales donde todo valía para ganarse unos duros. Evidentemente nada de sensiblería y cada pájaro a 100 pesetas de las de antes.
Con el trasiego de la gente transitando por la acera y entrando y saliendo del comercio, los pájaros de la jaula no dejaban de revolotear sufriendo golpes continuos contra los barrotes. Había bastantes pajarillos que no superaban el enjaulamiento por razones obvias; la principal, el hacinamiento. Por ello, algunos no podían comer lo suficiente.  Las bajas pasaban al interior de una bolsa de plástico. Sellándose así, la historia de un canto y el desvanecimiento de unos vivos colores.   
   
Verderón  Carduelis chloris (macho)

Pinzón común Fringilla coelebs (macho)

No me resistía a curiosear las jaulas para verlos de cerca e investigar las distintas especies que tenían la desgracia de incrementar el salario del miserable vendedor. Y, probaba suerte con los ejemplares arrinconados de redondeada silueta y oculta su cabeza entre el plumaje, para regatear a la baja insistiendo en el corto espacio de beneficio que le dejaba cada minuto transcurrido el ave sin vender.
De aquellos pájaros con el plumaje ahuecado por la agonía, podía arañarle 50 pesetas. Pero no siempre triunfaba la posibilidad de que sobreviviera, ni siquiera con los mejores cuidados.

Lúgano  Carduelis spinus (macho)

Lúgano Carduelis spinus (hembra)

La idea se fue formando a medida que miraba los desafortunados pájaros moribundos. Por el contrario, la economía nada boyante, sugería una gestión de lo más negociada. Pero, a los vendedores no era fácil llevarlos al terreno de las ofertas.
A pesar de todo, opté por la construcción de una jaula de grandes dimensiones para aposentar los elegidos en la galería de casa. Una jaula que tuviera ramas y una buena zona de vuelo para que los pájaros se ejercitaran; agua con distintas profundidades para su baño, tierra y piedras.
Al coste de los pájaros había que añadir medicamentos y comida, elementos nada baratos. Así pasaron pinzones Fringilla coelebs, verderones Carduelis chloris, verdecillos Serinus serinus, jilgueros Carduelis carduelis, lúganos Carduelis spinus y pardillos Carduelis canabina. Tuve dos invitados de excepción: un acentor común Prunella modularis y una hembra de pinzón real Fringilla montifringilla de los que no logré rebajar su precio y que adquirí por curiosidad. Pasados unos días viendo su buen estado, los solté al punto de la mañana. Sobre todo, mucho antes a la hembra de pinzón real por ser tan irascible con el resto de pájaros. No soportaba que ningún otro ejemplar se posara junto a ella, propinándoles severos picotazos.
 
Pardillo Carduelis canabina (macho y hembra)

Verdecillo  Serinus serinus (macho)

La rentabilidad de las adquisiciones venía mediante una profunda dedicación a ellos, mirándolos a través del cristal de la puerta para ver los resultados. Desde allí observaba detenidamente la acción de todos los pajarillos. Disfrutaba al verlos comer, como rebuscaban entre la tierra alpiste y como volaban de un lado a otro. También era entretenido verlos hacer fila para acceder al mejor puesto en la piedra dentro del agua. Esos días sí que había algarabía. Era como si el primero en bañarse incitara al resto que lo seguía como un acto reflejo. Sé que nada tiene que ver una jaula con la libertad, pero, los pájaros comenzaban a cantar una vez estaban bien comidos y bien aseados. Y ése era mi pasatiempo, verlos recuperarse disfrutando de su presencia imaginándolos en estado salvaje.
El bullicio de los fringílidos y las semillas que caían fuera de la jaula atraía a los gorriones. Por ello, añadí un recipiente con alpiste y agua.


Jilguero Carduelis carduelis 

Entonces apareció el protagonista de la historia; un solitario jilguero que los acompañó durante los tres meses siguientes. Era jocosa la situación cuando el jilguero parecía querer entrar en la jaula, al contrario que sus congéneres pensando en abandonarla. Aparecía posándose en la barandilla, y con cautela descendía hasta el alimento. Muchas veces coincidíamos uno frente al otro cuando reponía el recipiente de comida. Se marchaba y tardaba en regresar. Pasaron días hasta que el fringílido colorín se afianzó conmigo, y en vez de huir cuando reponía el alpiste, esperaba impaciente en el extremo de la barandilla y después bajaba. Me gustaba verlo llegar, cerniéndose indeciso y posándose seguidamente en su punto habitual, menos temeroso. Acompañaba a sus congéneres durante varios minutos rondando la jaula y después desaparecía, pienso que bien servido. 
Llegó la primavera y la cardelina dejó de venir (por supuesto que pudo ocurrir cualquier cosa, pero, prefiero pensar que se emparejó para criar). Faltaría más.

Cuando no hubo más pájaros para mercadear al regularse su captura y prohibirse su venta, los últimos de la jaula tenían los días de cautiverio contados. Se terminaba por fin, a pesar del fuerte rechazo (salvo exclusivos permisos), con la tradición y costumbre de cazar pájaros cantores de manera descontrolada. Era el principio del punto y final de unos hábitos deleznables que atentaban contra el patrimonio natural de todos.

Unos días después de abandonarnos el solitario jilguero, miré por última vez a los inquilinos de la jaula; estaban todos perfectamente trajeados. Abrí la puerta metálica del jaulón y comenzaron a salir. El bloque de mi casa estaba rodeado de huertos al ser un barrio periférico, y como no podía ser de otro modo, los vi alejarse acogidos por la primavera temprana de aquel año.

Verderón Carduelis chloris (hembra) durante una sesión de baño.



El jilguero visitó el balcón desde el 11 de diciembre de 1980 al 30 de marzo de 1981. 
Fue un enorme placer tenerlo como un distinguido huésped.



lunes, 6 de febrero de 2017

Un día de avutardas aragonesas

Preciosa estampa la del macho de avutarda al paso, entre la reverdecida tierra y el cielo agrisado. 

El renteante motor del Land Rover ruge al vadear los surcos dejados por la fuerza de las últimas lluvias en distintos tramos del camino. Dentro de su cabina, mientras atraviesa esos desniveles abruptos, nuestros cuerpos se balancean de un lado a otro como latigazos secos, y las bajadas repentinas nos clavan en los asientos casi vaciando nuestros pulmones. Es lo que tiene la fiabilidad de este experimentado todo terreno en cuya capacidad montera se olvidaron de ciertas comodidades.


Vamos Fernando y yo a una cita con la más grande de las aves esteparias. Aquella cuya caza se tuvo que prohibir para evitar su extinción; me refiero a la avutarda Otis tarda. No debieron de darse cuenta los ecologistas de la escopeta de los especímenes que desaparecían bajo su empeño equilibrador en la estepa. Haciendo uso de un método eficaz de muerte -el rifle con tele-mira-, sumaba el artefacto tal precisión que permitía al cazador tener una barriga ilimitada en tamaño como para no impedirle matar físicamente a cualquier animal por rápido que éste fuera. Aguardando desde un parapeto, como hacen siempre, sólo tenían que apretar el gatillo mediante el ejercicio brutal del dedo para conseguir el resultado mortal de este bendecido deporte.
Afortunadamente, aunque con extraordinaria lentitud, la especie se recupera y son unos 200 ejemplares los que tenemos en Aragón a pesar de la nefasta política de los incompetentes de siempre.
 


El gris plomizo del cielo varía a lo largo del día en estas tierras monegrinas hartas de sequía. Tratamos de aprovechar la jornada al máximo porque sabemos que, al final, caerá el agua como pronosticaron ayer en el parte meteorológico. Hemos dado bastantes vueltas asombrados por la gran cantidad de bandos de calandrias, además de otros paseriformes de estepa y fringílidos. En este territorio de los Monegros donde las lluvias son recuerdo deseado para días venideros y la sequía habitual comparte el polvo con el viento, viajamos bajo nimbos que hace rato anulan poco a poco la luz matinal.
Fernando conoce el terreno por su dedicación a las avutardas en trabajos de censo y reproducción, así que, miramos sin descanso entre las vaguadas baldías y sementeros tratando de localizarlas. Por fin damos con un hermoso macho que campea tranquilo alimentándose. Damos la vuelta para desaparecer tras un pequeño promontorio, abandonamos el vehículo sin golpear las puertas al salir y, de uno en uno, nos arrimamos arrastrándonos penosamente por el barro y la hierba húmeda hasta el punto adecuado. Desde allí fotografiamos y nos deleitarnos con el precioso porte y caminar de este macho que, en principio, se ofrece poco receloso a nuestra precavida presencia.



Poco estamos en su compañía y rodamos hacia otros lugares para tratar de hallar más ejemplares. Esta vez un nutrido grupo levanta el vuelo, tal vez, algún vehículo agrícola se nos adelantó y las siluetas de los gigantes voladores con aletazos profundos, pesados y ralentizados por la pesada carga de su cuerpo (los machos pueden alcanzar los 18 kilos), se aleja rasando sobre la loma hasta alcanzar otro punto distinto prosiguiendo con su parsimonioso caminar. Contamos 33 ejemplares de los 35 censados el año anterior.
Ya cae lentamente la necesaria lluvia sobre esta tierra tan castigada por la sequía en el momento de marcharnos. Partimos satisfechos de ver a esta carismática ave tan perseguida por algunos incultos y falsos amantes del campo a los que nunca les resulta suficiente las ayudas aportadas por los Fondos Europeos. La amargura crónica de esta gente no nos revienta el fructuoso día de avutardas que hemos disfrutado, además, vamos cargados de fotos para el recuerdo.








viernes, 27 de enero de 2017

Los primeros vuelos de los jóvenes búhos

                              19/05/2016

Dejo esta última sesión vídeo-grabada de los jóvenes después de haber deslizado en su día, una micro-cámara sujeta a una fina cuerda de liza hasta el lugar de ubicación correcto. El objeto de haberlo hecho así, fue para evitar el rastro humano que pudiera atraer a predadores no deseados. Se colocó antes de la reunión de los pollos en su punto de espera, de modo que no coincidieran con mi presencia.
A pesar del viento fuerte, la cámara permaneció bastante fija, sin tambalearse mucho, gracias a un artilugio que le daba amplitud de apoyo.
Se escucha el reclamo de los jóvenes, el canto del macho adulto desde su atalaya territorial y, sobre todo, la preciosa melodía del ruiseñor.

Es la última entrega dedicada a esta familia. La cercanía de los pollos ante la cámara le da un punto muy emocionante por la sensación de tenerlos a mano, casi palparlos. No son imágenes reveladoras ni de calidad, pero se aprecia perfectamente esa evolución en el ejercicio para progresar y avanzar en el vuelo. Al fin y al cabo, es ése el propósito para su futuro como cazadores, etc.


sábado, 21 de enero de 2017

Vídeos nocturnos de la familia de búho real (Bubo bubo)


                                         
Macho de búho real aportando alimento a uno de sus cuatro pollos.

Para fortalecer esa sensación de entusiasmo por las imágenes de la familia de búho real, quiero ofreceros unos vídeos nocturnos donde se aprecia toda la emoción natural de la noche mediante secuencias con buen sonido en el momento de ser alimentados los pollos por parte de sus progenitores.
Normalmente los pollos abandonan el emplazamiento del nido, entre otras razones, por la falta de higiene que conlleva su uso continuado; convirtiéndose por ello, en un foco de molestos parásitos que podrían afectar tanto a su plumaje como a su salud. Así pues, utilizan otra ubicación que coincide con la de los progenitores para recibir alimento cómodamente.

He escogido tres vídeos por ser los más vistosos, pues no es fácil con la cámara de vídeo trampeo sacar unas secuencias de gran calidad, ya que el movimiento lo advierte tan tarde que el adulto ya se ha posado junto a los pollos cuando comienza a grabar. Esto impide resaltar los detalles más cruciales de la entrega de alimento.

En este vídeo se aprecia, seguramente, como la progenitora realiza la segunda ceba. Hay tres pollos, y el que falta, ya está oculto comiendo su parte.
Si os fijáis bien, el adulto, ofrece el conejo con el pico sujetándolo con firmeza, para que se lo lleve el que tire con más fuerza. Si se cayera, se daría por perdido, por eso han de sentir que la presa es agarrada con seguridad.
Cuando la presa es grande la transporta en las garras, pero en la entrega, unos segundos antes de posarse, la cambia al pico para ofrecerla a los pollos.
Entre los pollos existe una jerarquía de dominio, alimentada por el carácter más fuerte del ejemplar que disputa la presa.

Hembra de búho real con alimento para tres de sus cuatro pollos.

Cuando es atendido el último ejemplar, el menos agresivo, la rapaz puede tomarse un merecido descanso. Evidentemente no termina la jornada de caza con el último aporte; si se puede adelantar alguna presa resultará muy útil para la noche siguiente. De este modo, se dispone de una despensa avituallada en caso de carencia.


De nuevo el macho de búho real aportando alimento y, descansando seguidamente. 

sábado, 7 de enero de 2017

La familia de búhos de la zona industrial


En las ocasiones que miro el correo o simplemente el hecho de actualizar las vistas de determinadas páginas, compruebo que prácticamente todas las personas que las visitáis admiráis la grandeza del búho real. Gracias a vuestra presencia, puedo continuar sin miedo a convertir el blog en un espacio monográfico y alternarlo con otras especies para variar, aunque sea ligeramente.
Como ya dejé abierta la idea de relatar el año de esta familia de búhos que crio en un lugar bastante humanizado, os dejo a continuación un resumen de su historia esperando que os deje una buena sensación.

La pareja de búho real Bubo bubo se instaló en este territorio hace un par de años, utilizando un nido algo más despejado que el del año pasado.
Un camino superior transitado por algún vehículo y personas practicantes de senderismo, ciclismo y footing, además de otro inferior menos utilizado, rodean su lugar de nidificación situado en un pequeño talud protegido por arbolado. Y, a menos de cien metros de distancia transcurre una ruidosa autovía y la línea de ferrocarril de mercancías. Todo ello acompañado de un polígono empresarial. Un buen ejemplo de humanización en su territorio.
En vista de las presas aportadas al nido, nada abundantes en la ribera del rio Ebro, los progenitores debían de capturarlas en el monte de secano sobrevolando, naturalmente, la autovía y la ferrovía para acceder al mismo.
Conoceremos a los progenitores y su descendencia, pero sobre todo, lo que ha sido de ella en el espacio territorial paterno. Cuatro vástagos muy bien alimentados por las abundantes presas del territorio de caza y por la habilidad predadora de los adultos que lo regentan.


Macho de búho real posado en tamariz ¿Lo veis…?
 

¿Y ahora…? Bueno, imitando su voz, ya que esta rapaz tan territorial no permite la presencia de ningún otro ejemplar de su misma especie, podemos hacerla salir provocándola ligeramente (sin mala intención, por supuesto).
 
Aquí está. Parece como si hubiera escuchado la voz de otro macho y sale a asegurarse. No continúo más, porque no quiero que todas las aves del lugar se le echen encima. Aquí hay cernícalos, laguneros, ratoneros y milanos negros; se podría armar una gorda. Aprovecho el desconcierto de la rapaz para las fotos. Si continuara con la imitación, el búho real pegaría su plumaje al cuerpo, desplegaría su blanco mechón gutural de plumas al ulular y no me quitaría la vista de encima rodeándome mediante vuelos cortos. Aunque las aves le atacaran, él sólo estaría pendiente de mí (como posible competidor). Así es su ardor territorial.
 

Estuvo unos minutos observándome pero, al no continuar la imitación de su canto, se ocultó de nuevo.


Esta es la hembra ocupando su nido. El hallazgo del nido fue casual. Me asomé al pequeño soto con idea de fotografiar paseriformes y me encontré de bruces con ella. Verla en la pantalla de repente, me aceleró el corazón. 
Su estado de ánimo se ve normal; alarma de intensidad media. La abertura media de los ojos denota alerta, sin embargo, por su plumaje ventral con el flanco extendido permanece relajada. Si el plumaje estuviera pegado al cuerpo y los ojos totalmente abiertos sería señal inequívoca de alarma total.
 

Para evitar el mínimo estrés a la rapaz nocturna ubiqué el observatorio (bien escondido) en un lugar muy apartado, cerca de un camino no muy transitado. Y, gracias a la utilidad del telescopio por sus prestaciones, pude ver por primera vez a su descendencia. Como es natural, me recibe alertada; mirada fija y ojos entreabiertos pero el plumaje ahuecado.
 

Apenas un par de minutos bastan para que la atenta madre siga descansando. Solamente hace falta evitar los movimientos bruscos, nada más.
 

Es habitual que la vigilancia de sus pupilos la tenga en vilo por los peligros que acechan. Nunca he visto que, tanto el macho como la hembra, superen los 20 segundos dormitando aún en el más absoluto silencio del paraje de nidificación. 
 

Sus oídos siempre están atentos a cualquier sonido. En esta ocasión, no soy yo quien la alerta, era una pareja con su perro transitando por el camino. Sobre su nido -como he comentado- existe otro camino a cinco escasos metros por donde circulan vehículos a motor como coches, motos y quads; tambien bicicletas, corredores y senderistas. Si, así como os lo cuento. A pesar de todo, la pareja sacó a toda su prole; cuatro criaturas.
 

Con cerca de tres semanas los pollos ya se mueven bastante, y siendo cuatro, mucho más. A partir de esta edad ya quedaron solos en el nido.
En el momento de la foto, venía del observatorio bastante preocupado porque no había visto a ninguno de ellos; siendo cuatro, era difícil de aceptar. Después de acercarme, descubrí lo que podéis ver en la foto. El nido estaba ocupado por 10 conejos (círculo rojo grande), otros dos dispersos y los pollos acomodados en otro lugar de la repisa (círculo amarillo) por falta de espacio. A partir de este día los pollos ya no volvieron al rincón del nido original. Aquel día tocaban a tres piezas por pollo, piezas que no terminaron del todo y que los adultos tuvieron que desalojar del nido por su descomposición.
 

Conejos en el nido.
 

Comprobación de los pollos en su deambular por la repisa para saber su estado. Rara vez se puede sorprender a los pollos; siempre había uno vigilando las espaldas del hermano.
 


Pollo de unas cinco semanas de edad protegido por el hueco del talud y la maraña vegetal. A pesar de la afluencia de gente por la parte superior los pollos estaban bien seguros.


Bueno, los primeros vuelos tuvieron como consecuencia posarse en lugares inadecuados al estar a la vista de potenciales enemigos. Este concretamente, descubrió por primera vez como las gastan los milanos negros Milvus migrans con las rapaces nocturnas.
 

Eran tan violentos los ataques que tuve que quedarme a su lado para evitarlos y darle tiempo al cándido pollo para ocultarse.
 

Los cuatro hermanos funcionaban en dos grupos. Cuando abandonaron definitivamente la repisa buscaron sus propios posaderos para descansar durante el día. El otro ejemplar (no se ve) reposa en el interior del tamariz de la izquierda.
 

Los otros dos hermanos optaron por esta enorme raíz incrustada en el talud al lado del posadero de su progenitor. Se aprecia bastante bien la diferencia de tamaño entre el macho a la izquierda y la hembra a la derecha.
 

Este es el joven búho en el país de las maravillas. A este ejemplar tan confiado alguna mala experiencia le hará recapacitar acerca de descansar en un lugar tan desprotegido. Un adulto con rodaje jamás se expondría con tanto descaro y, menos, dormitando con tanta complacencia. 


Dejo un vídeo donde los pollos más jóvenes, siempre los últimos en ser cebados, aguardan la llegada de sus progenitores con alimento. 
Aunque la calidad no es buena, resulta bastante interesante. 
Su comportamiento no se ve afectado en absoluto.

Se escucha el reclamo de los pollos y, ante la llegada del adulto (macho) éstos intensifican la voz. Cuando uno prende la presa, la protege del hermano emitiendo los chasquidos intimidatorios.




domingo, 25 de diciembre de 2016

Rabilargos (Cyanopica cyanus) salteadores implacables


En los córvidos encontramos una interesante amalgama de cualidades que definen perfectamente su capacidad extraordinaria para sobrevivir en ambientes hostiles.
Son aves inquietas con un perfil gregario e inteligente capaces de adaptarse a los hábitats más adversos, como demuestra la distribución cosmopolita de unas 120 especies existentes. En la península Ibérica crían nueve especies de córvidos y, el cascanueces Nucifraga caryocatactes, es un visitante ocasional de invierno. 
El rabilargo Cyanopica cyanus es el menor de la familia y, como el arrendajo, se encarga de alertar a todas las criaturas del lugar con vigorosos graznidos cuando el hombre o algún predador invade sus dominios.
 




Estuve viendo las avanzadillas de estos exploradores en su territorio, tan calcadas, que parecía como si descubrieran un lugar nuevo cada día al transitar entre las ramas con exquisita prudencia. Es precisamente, la desconfianza de estos pequeños córvidos, la que les obliga a tomar constantemente unas precauciones extremas. Hay muchos enemigos y lo saben, por ello, nada mejor que un comando bien aleccionado contra las emboscadas. El azor y el gavilán acechan constantemente entre las copas del arbolado, muy atentos a cuanto ocurre en su zona de acción.


Me había entretenido en poner comida para los gorriones colocándola en el borde de un macetero de piedra, con la idea también, de atraer a otras especies. Los rabilargos no se habían atrevido a acercarse y pululaban desconfiados en un radio algo apartado del comedero. Por las mañanas se atareaban comiendo las bayas rojizas de un arbusto sin aventurarse a más.
En la siguiente ronda, comprobé que los gorriones prendían los trozos de pan transportables para devorarlos en lugares más protegidos. Pero, como pude observar, además, eran pirateados por los rabilargos una vez abandonaban el comedero adentrándose en la maraña arbustiva. Los rabilargos, como buenos oportunistas los abordaban cómodamente para despojarlos del alimento. El siguiente paso de los córvidos fue acudir directamente al comedero y atiborrarse de pan y galletas con el mayor desparpajo, considerando que el lugar ya contaba con su aprobación.  
                                                                          
Gorriones Passer domesticus arrinconados y relegados por los rabilargos al alpiste después de haber perdido las opciones por los bocados mayores.

                                        
¿Por qué son tan bellos estos córvidos? La combinación de sus colores nos lo puede descifrar. Fijándonos en el negro capirote, tan llamativo, contrasta con la blanca garganta y el color arena del dorso que, precisamente, hacen de esta paleta tricolor su punto más fanérico. Si añadimos el color arena más fuerte en el dorso y más suave en la zona ventral, acompañado del azul celeste de alas y cola, apreciamos un destacado equilibrio entre temperaturas cromáticas del frío azul y el cálido arenoso.  
No es de extrañar pues, que los rabilargos por la suave composición de sus tonalidades resulte más tierno a los ojos de mucha gente que la estridente librea gótica de la urraca Pica pica.

“La conducta del rabilargo ibérico durante la reproducción, en especial al cebar a los pollos o defenderlos, presenta caracteres comunitarios que los ornitólogos han podido observar a menudo. Se ha comprobado que los pollos de un nido eran alimentados por lo menos por cuatro rabilargos distintos entre los que estaban, por supuesto, los padres”.
 
Los rabilargos asiáticos Cyanopica cyanus proporcionan comida (como se aprecia en la foto) de manera espontánea a sus congéneres sin que estos se la pidan; algo exclusivo entre los córvidos. Así lo afirma un grupo de investigación de la Universidad de Viena (Austria).

“Durante mucho tiempo se ha pensado que la prosociabilidad proactiva –comportamientos que favorecen a otros individuos o grupos sin buscar recompensas materiales– era propia de humanos”, explica Lisa Horn, autora principal del estudio publicado en Biology Letters".

Ocupa el cuadrante suroccidental de la Península.
Su altitud tope son los 1100 m en la sierra de Gredos y Sierra Nevada (San Segundo 1990 y Pleguezuelos 1992).
 
"La distribución del rabilargo está presente en China, Japón, Corea del Norte, Corea del Sur, Mongolia, Rusia, España y Portugal. Ha sido introducida en Hong Kong. Esta dispersión geográfica se debe a que durante la glaciación los rabilargos emigraron hacia el sur de Eurasia: algunos hacia el Oeste y otros hacia el Este. La separación de los dos grupos de población tuvo lugar hace 1 o 2 millones de años".

 
"Otra teoría apuntaba a que habían sido introducidos en la península en el S.XVI por marineros portugueses procedentes de Asia, pero un análisis del ADN de las poblaciones asiática y peninsular ha demostrado que son genéticamente diferentes y, por tanto, la población presente en la Península Ibérica no puede haber sido introducida recientemente. Esto, además, se refuta con el hallazgo de un fósil de rabilargo en una cueva de Gibraltar.
Por tanto, se siguen nombrando como subespecies distintas, siendoCyanopica cyanus cooki las poblaciones ibéricas y Cyanopica cyanus japanica las poblaciones asiáticas".








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